Pasar miedo vs quedarse dormido en el dentista.

Hola a todos,
He vuelto con fuerzas renovadas de las vacaciones de verano. La verdad es que me costó un poco arrancar y he conocido lo que es la "depresión post-vacacional" este año. Pero ya hemos cogido ritmo y entre que la consulta va tomando su habitual velocidad de crucero, la actividad de la comisión científica del Colegio de Dentistas de Bizkaia se ha retomado y estamos a punto de irnos al primer congreso del curso 2013-2014 en Oviedo... Pues eso, que ya hay que hacer una entrada a este, mi blog dental de la "Odontología sin Chorradas". Además ayer he visto cómo David de Jorge ha comenzado su temporada de Robin Food y yo no podía ser menos.

Hoy voy a escribir sobre algo que he comentado con un paciente que además lee mis diatribas sobre la profesión dental. El tema es el siguiente: él se queda dormido en el sillón dental, lo cual es genial porque trabajo muy tranquilo. Muchos pacientes se quedan dormidos en mi consulta, y no en la sala de espera, si no en el sillón dental en sí. De hecho son muchos más de los que te dicen nada más entrar al gabinete: ¡Te odio! ¡No me gusta ir al dentista! y demás lindezas que no me hacen mucha gracia.

Sobre los pacientes que acuden tranquilos y relajados al dentista no tengo gran cosa que comentar más que darles las gracias. Gracias por tomarse las cosas como lo que son, por estar tranquilos e incluso dormirse en situaciones tan curiosas como la colocación de un implante en el que no se realizó más que la común anestesia local (es cierto, ¡de verdad!). Entiendo perfectamente que ir al dentista no suele ser un trago de buen gusto, que supone pequeñas molestias por lo general y que algunos post-operatorios no son un camino de rosas. Es cierto y me hago cargo. Pero tampoco es tan horroroso, doloroso, insoportable y temible.

Es sobre aquellos que tienen miedo y reaccionan mal en sus visitas al dentista sobre los que voy a escribir.
Lo primero que tengo que decirles es que no, nosotros (los dentistas) no tenemos la culpa de que ellos hayan decidido "ahorrarse" la visita al dentista... ¡los últimos 25 años! Hay muchos pacientes que aparecen por la consulta con terribles molestias y muchos problemas orales. Cuando se les pregunta por qué no acudieron antes al dentista (cualquiera es mejor que ninguno!) suelen responder que no les dolía hasta ahora... que tenían mucho miedo... que lo habían pasado muy mal la última vez que les hicieron una extracción (que luego reconocen que se produjo por una muela en pésimo estado y con una gran infección)... etc, etc, etc. Este es realmente el primer punto de mi entrada de hoy. Arreglarse los problemas individuales de cada diente según van dando problemas y solo arreglar esos problemas y no ningún otro que el dentista comente es uno de los errores más comunes de los pacientes. Además ese modo de visitar al dentista suele tener como conclusión la extracción del diente que moleste, ya que normalmente este tipo de persona es muy resistente a visitar al dentista del barrio (no digo el de confianza porque éstos no confían en ningún dentista). Aguantan y aguantan hasta que ya no pueden más; llevan dos o tres días sin dormir y como se acercan las vacaciones de verano, Navidad, Semana Santa, pascua ortodoxa, judía o Ramadán... pues llaman al dentista y piden que les quiten ese diente tan molesto. ¿Donde estaban hace tres meses? Entonces todo son prisas y casi todo se hace mal. La solución de la extracción seriada (seriada porque cada episodio de visita al dentista supone una extracción, y ¿cómo te va a gustar ir al dentista entonces?) ya se ha probado durante siglos y no es una buena solución, acaba con gente incómoda con dentaduras completas (castañuelas las llaman en España) de quitar y poner, incómodos porque ya es muy complejo colocar implantes debido al extremo déficit de volumen de hueso que tienen, la dentadura baila flamenco dentro de su boca y más que masticar se tragan la comida o abandonan toda esperanza de comer sólido y se pasan a la dieta blanda para el resto de sus días. ¿Y saben de quien es la culpa de ello además de la naturaleza? Del dentista desde luego no, saquen sus conclusiones.

El segundo punto que ya he insinuado es el de: "arreglame esta muela que me duele, lo demás ni lo mires"; me recuerda al: "solo quiero una limpieza". Ya he comentado en esta antigua entrada que esto es una ridiculez. Hay pacientes que piensan que solo tienen un problema dental cuando algo les duele, el problema es que cuando algo duele en muchas ocasiones ya está todo o casi todo perdido.
Una persona me ha dicho que por qué no extrajimos la muela que hemos salvado con una endodoncia y una reconstrucción, y ante mi estupor continúa: en el otro lado también me falta, no me duele y está bien. Le he respondido: tener hipertensión no duele ¿está bien? Obviamente me ha dicho que no. Pues deberíamos actuar siempre bajo esos parámetros. La boca es un mecanismo muy fino, de relojería, que necesita contínuos cuidados ya que la usamos contínuamente para hablar, comer, reír, besar, seducir, etc. Y requiere de todos sus componentes en buen estado para poder funcionar como es debido. Todo lo que sea menos que eso son simplentemente adaptaciones que el ser humano puede realizar. ¿Se puede andar con una pierna más larga que la otra? Si, por supuesto, pero eso no quiere decir que esté bien, o que sea cómodo, o saludable. Pues con la boca lo mismo. Deberíamos cuidar de todos sus elementos, que sufren el paso del tiempo, nuestra dieta rica en azúcares que no es buena para los dientes, el tabaquismo de algunos, el bruxismo y apretamiento de los estresados, la guarrería de quienes no se cepillan los dientes. Por lo tanto debemos entender la boca como un conjunto de elementos que debemos cuidar y no pensar solo diente a diente. Hoy me molesta este, pero ¿qué pasa con el resto? ¿Quizá hayan sufrido un deterioro, no tan acusado, pero importante y deberíamos revisarlo? Ya he comentado alguna vez que los dentistas no sacan más cosas de las que ven los pacientes si no que tienen (en muchos casos) una visión más global de la boca. Por lo tanto con respecto a este punto, el paciente NO tiene siempre la razón.

Por último, (no es que sea lo último pero es que ya me estoy cansando de escribir) tengo que decir que hay pacientes con miedo al dentista o aversión a visitar al dentista que aducen que es caro. Ya he explicado muchas veces el por qué del precio del dentista. Pero aquí no voy a hablar de calidades ni materiales. Voy a hablar de por qué la odontología no planificada, que depende de las molestias que van ocurriendo y de las extracciones que no queda más remedio que hacer es cara.
Hacerse una revisión y una higiene semestral o anual no es caro. Es más barato que cambiar las ruedas al coche, ir de restaurante a la carta con tu pareja dos veces al año, pagar el seguro del coche (¡dichosos automóviles!), el fin de semana romántico o en familia al campo (aunque vayas a casa de la abuela) y muchas otras cosas. Y además no duele y te dejan la boca limpia y fresca. Pero no, el que tiene miedo no lo hace, decide que va a ir al dentista sólo cuando le duela algo. Y claro, a menos de que sea un paladín de la higiene dental y la genética esté de su parte; en algún momento surgirá un problema y ese problema será más caro que la higiene y revisión. Es cierto que algunos aún cuando visitan regularmente al dentista siguen teniendo que realizarse pequeños tratamientos dentales como alguna que otra reconstrucción (empaste) por alguna caries. Pero las caries sencillas no duelen. Por lo tanto si te duele es que esa caries es mayor, quizá necesite una endodoncia, que es más costosa, quizá una pequeña cirugía, o desgraciadamente una extracción. Extraer dientes no es caro, especialmente si no se piensa reponer el diente perdido (o mejor dicho tirado al cubo), pero cuando hacen falta dos o tres dientes empieza a ser un problema. Entonces reponer dientes es más costoso, mucho más que las limpiezas dentales y los pequeños empastes de una boca bien cuidada. Por lo tanto se acaba produciendo una situación paradójica: LOS QUE MENOS QUIEREN IR AL DENTISTA ACABAN POR TENER QUE IR MÁS. Más visitas para tratamientos más complejos es MÁS DINERO. Y os aseguro que muchos dentistas desearían una vida tranquila y placentera en la que solo hubiera que realizar procedimientos sencillos y poco estresantes como las higienes dentales y sencillas reconstrucciones dentales o tratamientos electivos de estética que suponen muchas más satisfacciones para los pacientes y caras más sonrientes. Y no enfrentarnos a los retos que hacen que nos devanemos los sesos para dar con la mejor solución a los problemas que a menudo se plantean en nuestras consultas.

Quizá haya gente que piense que es de mala educación mostrar sus vergüenzas, pido disculpas a aquellos que se puedan sentir ofendidos por esta entrada, pero creo que todos debemos hacer de vez en cuando acto de contrición y reconocer que a veces nos ocurren cosas malas por nuestros propios actos, en la mayoría irracionales.

Un saludo a todos y feliz comienzo de curso 2013/2014!







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